El transporte marítimo comenzaba a dejar atrás los últimos coletazos de la pandemia y adaptarse a las condiciones de la disminución de tránsitos y menor calado en el Canal de Panamá producto de la sequía que lo afecta, cuando los ataques de los rebeldes hutíes contra los buques mercantes que transitaban el estrecho de Bab al-Mandeb en el Mar Rojo, conformaron la semana pasada un nuevo “cisne negro” para el sector, desencadenando una serie de consecuencias que aún se está por dimensionar.
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